El Posadero

CUENTO DE MARÍA DEL CARMEN RAMOS PUEYO (SEVILLA, NAVIDAD 2016)


 “…a la huella, a la huella. José y María.  Con un Dios escondido, nadie sabía” (Villancico popular argentino)

El Señor Gamaliel se afana en pintar su posada y sacar de la bodega todo aquello que se parezca a una cama o a un catre. La autoridad ha ordenado, que todas las personas se empadronen en la ciudad donde han nacido sus antepasados. Se frota las manos porque Belén es una de esas ciudades. Se llenará de gente.

Las caravanas se acercan a la ciudad. Todos protestan y gritan contra la autoridad porque les ha obligado a salir de sus casas y caminar muchos días. El trasiego de gente es asfixiante. El señor Gamaliel no admite a cualquier persona. Él solo recibirá a los  forasteros con dinero

Al caer la tarde llega un hombre joven pidiendo posada. Su mujer va montada en un borriquillo y está embarazada, muy pronto dará a luz. Vienen de Nazaret. El posadero los mira y piensa que no le interesan, porque un parto en estas circunstancias estropearía el negocio. Además, ¿dónde los mete? Todo está lleno, que se busquen la vida.

De madrugada, como si fuera un huracán empiezan a llegarle noticias. Vecinos y amigos llaman a la puerta de la posada. Están indignados. Se quitan la palabra unos a otros, echan en cara al posadero no haber acogido a una madre a punto de dar a luz.

  • ¡Gamaliel!, ¡Gamaliel! ¿Qué has hecho amigo? Se leerá a través de generaciones “…y dio a luz…lo acostó en un pesebre, porque no había hallado lugar en la posada” Has cerrado tu puerta al “Esperado de Israel”
  • ¡Vecino Posadero! Solo te interesa engordar tu bolsillo.

El Señor Gamaliel alza sus brazos y grita:

  • ¿Qué pasa? ¿Quién me ha pedido posada y no se la he dado? ¿De qué me estáis hablando?
  • Los pastores de las montañas han contado que en Belén ha nacido el Mesías anunciado. -Dice un vecino- Ellos ya lo han visto. Cantaban unos ángeles.
  • Pero, ¿quién se fía de los pastores?
  • Yo lo he visto. – Explica la lavandera-. He estado allí. El Niño ha nacido en una cueva porque tú no le has dado posada. Se necesita tener la cabeza dura para dejar pasar al mismo Dios que llama a tu puerta. Además has mentido, porque había sitio en tu posada.
  • ¡Fuera de aquí! —grita el posadero y cierra la puerta.

El Señor Gamaliel está agotado. Las noticias, que ha oído, dan vueltas en su cabeza. La gente está loca —piensa— Sube a la azotea y se sienta, necesita despejarse. Mira al cielo y observa cómo una de las estrellas se dirige hacia las montañas. Se levanta y grita:

  • ¡Una estrella se mueve! ¿Yo también me estoy volviendo loco? Ángeles que cantan, pastores que engañan, he echado al Mesías de mi casa y ahora la estrella que vuela.

El posadero se coge la cabeza con las manos y piensa ¿Qué he hecho yo? ¿Qué pasa que todo el mundo  me culpa? ¿Qué es esta historia? Un recuerdo llega a su mente. Cuando era niño su padre le dijo que era Belén la ciudad donde iba a nacer el Mesías. Lo había olvidado. El vive para sus negocios y sabe poco de estas cosas, pero que le digan que ha cerrado la puerta a un niño  eso no lo consiente. Del fondo de su corazón dice con palabras cansadas pero sinceras:

  • Perdón, perdón. Y ahora ¿qué tengo que hacer?

De la calle sube el sonido de una flauta. El Señor Gamaliel no comprende nada, pero ha decidido asumir todo lo que le vaya ocurriendo. El pastor de la flauta le dice que la madre del Niño quiere hablar con él.

Caminan juntos hacia el Portal. El posadero recuerda la imagen de la joven embarazada que se paró ante su puerta. Cómo le gustaría volver la historia al principio, la acogería  a ella y a su marido en la mejor habitación, pero ya era tarde.

Llegan al Portal. El posadero no se atreve a entrar. María sale a su encuentro y le dice:

  • No es tarde. Todavía es tiempo. El Señor volverá a pasar. Abre bien los ojos de tu corazón porque llamará a tu puerta “disfrazado, como joven sin trabajo, como una familia con hambre, como un anciano solo, como un enfermo que no tiene para curarse, como un niño abandonado, como un extranjero sin papeles, como mujer maltratada… Pasará y entonces no pierdas de nuevo la ocasión de abrirle la puerta, hazle entrar para curar sus heridas y atenderlo con todo el cariño que puedas.

Suena la música. Es la fiesta. Toda la ciudad de Belén está presente en el Portal, para cantar al Niño, abrazar a María, ayudar a José y felicitar al posadero porque acoge en su corazón a Dios Niño.

El Señor Gamaliel volvió a su casa cantando:

Es mi casa tu hogar, llama a la puerta”.

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